¿QUÉ ES UN CRÉDITO REVOLVENTE?

¿QUÉ ES UN CRÉDITO REVOLVENTE?

¿Te ha pasado que, cuando vas al supermercado, apenas entras te ofrecen un crédito revolvente? Tú no sabes siquiera qué es eso, pero te avergüenza preguntar. Lo que te importa es que, según ellos, con eso se te hará más fácil comprar. Y terminas aceptándolo.

Resulta que, en un crédito tradicional, te prestan el dinero, te fijan pagos mensuales, tú los pagas puntualmente y, cuando cubres la totalidad de la deuda, se da por terminado el préstamo. En el caso de los créditos revolventes, no tienen un final determinado; sin prestarte el dinero físicamente, ponen una cantidad máxima a tu disposición para que puedas utilizarla cuando y como te plazca: la mitad, el 80%, cierto porcentaje a la semana, no usarlo, lo que se te dé la gana. Pero debes tener siempre en mente que éste no es “dinero extra”, sino que tendrás que pagarlo en un futuro. Una vez que pagas lo que ya utilizaste, puedes volver a pedir prestado.

Analicemos este ejemplo: el banco o la tienda departamental pone a tu disposición $1000. Tú decides utilizar en el primer mes sólo 400 para comprar unos zapatos. De los 1000 que “tenías”, ahora están disponibles 600. Al siguiente mes, tomas 200 para pagar la luz. De los 600 disponibles, ya sólo te quedan 400 para usarlos. Al final del mes, resulta que utilizaste $600; esa es tu deuda. Digamos que pagas 300. Como esos 300 ya los devolviste, vuelven a sumarse a la cantidad a tu disposición, los 400. Te quedan ahora 700 disponibles para poder utilizarlos al siguiente mes. Y así, conforme pagues o dispongas del crédito, la cantidad disponible seguirá aumentando o disminuyendo, si es que decides aprovechar el dinero disponible. La idea es que nunca puedas superar el límite de la cantidad disponible y que sólo te cobren intereses sobre lo que sí quedaste a deber. En nuestro ejemplo, de los 600 de deuda, pagaste 300 y te quedaste con 300 de deuda; sólo sobre estos últimos 300 se te cargarán intereses. El ejemplo más común de un crédito revolvente son las tarjetas de crédito. De aquí la importancia de que te familiarices lo más pronto posible con este tipo de créditos. Además, porque tiene muchísimas ventajas respecto del crédito tradicional, pero sólo si sabes utilizarlo.

Las ventajas pueden resumirse en una sola palabra: flexibilidad. Es decir, puedes utilizar cuando, cuanto y como quieras la línea de crédito a tu disposición; la mitad, sólo un porcentaje, no usarlo en absoluto, etc. Y si pagas a tiempo, tus intereses estarán en cero.

Ahora bien, si quieres todavía más dinero, basta con pagar lo que ya has utilizado, ¡y listo! Tendrás más dinero a tu disposición, sin necesidad de solicitar otro préstamo, como sí tendrías que hacerlo con un crédito normal o tradicional. Incluso, con base en tu comportamiento crediticio, el banco o la institución financiera pueden ofrecerte hasta ampliar la línea de crédito, es decir, poner más dinero a tu disposición. Claro, todo lo anterior funciona únicamente si conoces el procedimiento y sabes aprovecharlo sin endeudarte más de lo necesario.

Lo negativo de este tipo de créditos es que, si lo entiendes mal o lo malinterpretas, y crees que es dinero extra, gastas de más o tardas mucho en pagarlo. En un crédito tradicional te cobran 10 o 20% de intereses al año, y en uno revolvente pueden cobrarte hasta 70 o 90% al año. Así que en el cuando dejas de hacer un solo pago, o abusas, quedas “en jaque” con demasiada rapidez.

En realidad, esto no es nada complicado. Si lo entiendes y lo usas bien, entras en posesión de una de las herramientas más útiles para tus finanzas personales.