HISTORIA BREVE DEL CRÉDITO

HISTORIA BREVE DEL CRÉDITO

¿Alguna vez te has preguntado de dónde vino el crédito? ¿Cómo se creó este sistema, con el que vivimos en muchos países del mundo en la actualidad?

Hace mucho tiempo atrás, quizá miles de años, la gente intercambiaba servicios y mercancías por medio del trueque. Digamos que, en aquel entonces, una persona cultivaba manzanas y otra, naranjas. A fin de que ambas pudieran comer de las dos frutas, simplemente las intercambiaban. El problema se presentaba cuando, por ejemplo, ocurría una mala cosecha de naranjas y el granjero que las cultivaba no tenía para intercambiar, pero aun así quería comer manzanas. Entonces, el que cultivaba éstas le decía: “No te preocupes, yo te doy manzanas. Pero cuando tú tengas una buena cosecha de naranjas, con ellas me pagas”. De esta forma, este hombre recibía una promesa de pago del otro. En términos generales y formalmente hablando, esto era un crédito.

Pero hay otros sistemas de crédito. Fiar es otra forma de otorgar un crédito, en la cual el dueño de un negocio, una tienda, decide dar una línea de crédito a un cliente. De este modo, esta última persona puede ir y comprar todas las veces que quiera durante cierto periodo de tiempo, un mes, por ejemplo, y el dueño va anotando en una libreta todo lo que ese cliente va consumiendo. Al llegar el fin de mes, hace cuentas y obtiene el total de lo que aquel cliente se llevó y va a recibir el pago correspondiente, para dejar la cuenta en ceros y comenzar de nuevo. De hecho, muchos de nosotros utilizamos este sistema de crédito todavía.

Luego se encuentran los grupos de crédito y ahorro, que funcionan de la siguiente manera:

Pongamos que diez personas se reúnen y deciden cuánto dinero van a ahorrar en un fondo cada mes. Todos aceptan aportar $100 al fondo, lo que nos da una suma total de $1000. Una persona de esas diez será la encargada de administrar el fondo. Al mes siguiente, todos hacen su aportación, pero esta vez una persona distinta será la encargada de administrar esta última cantidad. De esta manera, el fondo va pasando de persona a persona, mes tras mes, hasta que llegue a la última que conforma el grupo. Mediante este sistema, el dinero recabado sirve para las necesidades del mismo grupo.

Sin embargo, debemos hacernos una pregunta: ¿tienen alguna desventaja estas formas de crédito?

En primer lugar, ninguno de ellos podría funcionar si, por ejemplo, nos mudamos de un lugar a otro constantemente. De hecho, esa fue la principal razón por la que, en los Estados Unidos, algunas personas tuvieron la idea de crear un sistema de crédito en el cual una persona pudiera moverse de una parte a otra del país y llevar consigo su crédito, su “credibilidad”. Y cuando quisieran utilizar este crédito, habría una base de datos central a la cual las empresas, especialmente, pudieran llamar para averiguar sobre quien solicitaba el crédito. En esa base de datos se cuenta, hasta nuestros días, con toda la información crediticia de quien solicita algún crédito. Esta base de información está creada mayormente por algunas compañías que se especializan en recolectar datos e información crediticia de cada consumidor (en México, tal función es desarrollada por el Buró de Crédito). ¿Y qué hacen con toda esta información? Generan reportes de crédito, los cuales contienen un puntaje respecto de cada sujeto de crédito. Por ejemplo, 300 puntos es la posición más baja, y por tanto negativa, respecto de quien lo solicita, y más de 800 significa que la persona es muy confiable para solicitar y recibir un crédito de cualquier compañía comercial.

¿Quién y dónde empezó a utilizar este sistema? Los bancos, para otorgar préstamos a sus clientes a partir del siglo XIX. En nuestros días, el puntaje de crédito no sólo es usado para obtener préstamos a los bancos, sino también para rentar casas y apartamentos. Asimismo, es utilizado por las compañías de seguros para determinar la cuota que debe pagar el propietario de un automóvil, casa, etc. Incluso, muchas compañías están utilizándolo también para determinar a quién otorgan determinado empleo, servicios de televisión de paga, telefonía y muchos más.

Así, si una persona tiene un historial crediticio negativo, o no tiene ningún crédito, las compañías requieren que los solicitantes de esos servicios o créditos en general realicen un depósito de “garantía”.

Si vemos de dónde vino el crédito y por qué tuvo que ser formalizado, es fácil entender las razones. Pero, ¿qué pasó? Una vez que fue formalizado, perdimos el control y actualmente es utilizado, por desgracia, para muchas cosas que afectan la manera en que vivimos. Y de aquí es fácil comprender la necesidad fundamental de aprender a manejar, de forma sana, todos nuestros créditos.